Yo soy el principe del silencio
Nunca me harás hacer ruido,
ya no podrás oirme,
mis palabras no tienen sentido,
y eso que más da.
Nunca llamaré tu atención,
no me oirás oirte llamarte,
pues no tiene valor,
ya mi corazon se muere de dolor.
Aun haciendo cuanto pueda,
sólo morir hoy me queda,
ya no te hago reir,
¿Por qué conmigo ibas a reir?
Soy el principe del silencio,
y aunque seas la reina de mi corazon,
no me queda sino arrancarlo,
para que no sea causa de más dolor.
Cada momento que te veo, y recuerdo,
también veo que no deseo tener un corazón,
que siente amor, y aún estando poco cuerdo,
me lo quitaría para perder esta depresión.
No quiero volver a enamorarme,
ya no, pues es la fuente de mi dolor,
no hago más que enamorarme,
pobre de mi corazón.
¡Que culpa tiene él!
¡Que culpa tengo yo!
Con la suerte vuelta,
quiero salir del ritmo
"de depresión a depresión"
Me convierto en el dios del aburrimiento,
en toda una fuente de sopor,
¿Para que me quiero alegrar,
si me puedo poner a llorar?
A pesar de que el día que escribí esto brillaba el sol en el cielo azul, las circunstancias llenaron mi cielo de nubarrones. Y sí, hoy sigo en mi línea de escribir cosas tan tristes como os tengo acostumbrados. Confio en que esto cambie algún día.
ya no podrás oirme,
mis palabras no tienen sentido,
y eso que más da.
Nunca llamaré tu atención,
no me oirás oirte llamarte,
pues no tiene valor,
ya mi corazon se muere de dolor.
Aun haciendo cuanto pueda,
sólo morir hoy me queda,
ya no te hago reir,
¿Por qué conmigo ibas a reir?
Soy el principe del silencio,
y aunque seas la reina de mi corazon,
no me queda sino arrancarlo,
para que no sea causa de más dolor.
Cada momento que te veo, y recuerdo,
también veo que no deseo tener un corazón,
que siente amor, y aún estando poco cuerdo,
me lo quitaría para perder esta depresión.
No quiero volver a enamorarme,
ya no, pues es la fuente de mi dolor,
no hago más que enamorarme,
pobre de mi corazón.
¡Que culpa tiene él!
¡Que culpa tengo yo!
Con la suerte vuelta,
quiero salir del ritmo
"de depresión a depresión"
Me convierto en el dios del aburrimiento,
en toda una fuente de sopor,
¿Para que me quiero alegrar,
si me puedo poner a llorar?
A pesar de que el día que escribí esto brillaba el sol en el cielo azul, las circunstancias llenaron mi cielo de nubarrones. Y sí, hoy sigo en mi línea de escribir cosas tan tristes como os tengo acostumbrados. Confio en que esto cambie algún día.


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